Según el último informe técnico de la consultora Politikón Chaco, basado en estadísticas oficiales, Tierra del Fuego se ubica en el podio de las jurisdicciones más castigadas por el ajuste y la recesión. La paralización productiva no es un concepto abstracto; se traduce en miles de familias fueguinas que han perdido su sustento principal en un contexto de inflación y retracción del consumo.
A diferencia de otras provincias con matrices más diversificadas, la dependencia de Tierra del Fuego de su Régimen de Promoción Industrial (Ley 19.640) actúa como un arma de doble filo. Cuando la macroeconomía nacional estornuda, la industria fueguina se resfría de inmediato.
La caída en la demanda de electrónica de consumo y la incertidumbre sobre las reglas de juego para la importación de insumos han generado un “efecto dominó”. Menos producción en las plantas de Río Grande significa menos logística, menos transporte y una caída abrupta en el comercio local. El empleo registrado, que es el motor de la recaudación provincial y municipal, se ha desplomado a un ritmo superior al promedio nacional.
El informe expone una realidad regional alarmante. La Patagonia Austral no logra blindarse ante la crisis. Entre Tierra del Fuego, Santa Cruz y Chubut, se estima que se han destruido más de 26.000 puestos de trabajo formales desde finales de 2023.
Si bien el deterioro es generalizado —con una pérdida de más de 71.000 empleos privados a nivel nacional solo entre junio y octubre de 2025—, el impacto en el sur es desproporcionado.
Mientras algunas provincias del centro o norte del país logran sostener ciertos niveles de actividad, el costo de vida en la Patagonia y la estructura de costos de las empresas locales hacen que la recuperación sea mucho más lenta y dolorosa.
Detrás de las planillas de cálculo hay una crisis social en ciernes. La pérdida de estabilidad laboral en una provincia con costos de vida dolarizados empuja a la clase media trabajadora hacia la vulnerabilidad.
Sin un plan de contingencia claro por parte del Ejecutivo provincial ni señales de reactivación industrial desde Nación, el horizonte para 2026 se presenta, por ahora, cargado de nubarrones. La “recuperación” prometida sigue siendo ajena a la realidad de los trabajadores fueguinos.