lunes 09 de febrero de 2026

Información | 8 feb 2026

Intervención del puerto

Un gobernador cada vez más solo en medio de la intervención del puerto

Quince días después de la intervención del puerto, los apoyos políticos no aparecen, los intendentes toman distancia, la imagen pública muestra desgaste y la agenda provincial suma tensiones que reducen el margen político del gobierno.


Por: Gonzalo Benito Zamora

Por: Gonzalo Benito Zamora

A quince días de la intervención del puerto, el panorama político para Gustavo Melella muestra un rasgo evidente. El respaldo político que se insinuó en las primeras horas se diluyó rápido y hoy el gobernador parece transitar el conflicto en relativa soledad. No hubo pronunciamientos contundentes de la política fueguina y, fuera de la provincia, tampoco aparecieron gobernadores opositores al gobierno nacional dispuestos a involucrarse.

Los intendentes eligieron la cautela. Algunos guardaron silencio, otros reaccionaron tarde y sin demasiada intensidad. Desde la Legislatura las expresiones quedaron reducidas a mensajes en redes sociales que no terminan de configurar una posición política sólida. Ese clima contrasta con la magnitud institucional que el propio gobierno provincial atribuyó a la intervención.

Mientras tanto, la dinámica cotidiana de la provincia siguió su curso y la sociedad no parece advertir los hechos del mismo modo. El puerto continúa intervenido y la discusión política convive con decisiones económicas que abrieron otro foco de tensión. El incremento del Fondo de Prestaciones Prioritarias implicó una redistribución de recursos que, según los municipios, afecta la coparticipación y presiona sobre las cuentas locales. Ya hubo advertencias concretas sobre el impacto en las finanzas municipales y reclamos por demoras en el envío de fondos, particularmente desde la Municipalidad de Ushuaia, lo que termina configurando un frente interno incómodo en un momento que exigiría cohesión. A eso se suma la deuda de coparticipación que, al menos en la capital fueguina, superó los 9 mil millones de pesos en enero, tal y como informó este medio.

La deuda de coparticipación de la Provincia con Ushuaia a enero 2026

El dato político más relevante quizás no sea la intervención en sí misma sino la ausencia de apoyos amplios frente a ella. Ni gobernadores aliados ni dirigentes nacionales de peso se pronunciaron de manera clara. El acompañamiento más visible proviene de algunos sectores sindicales, en general enfocados en la preservación de sus puestos de trabajo antes que en una defensa política más general. Esa adhesión, aunque relevante, no alcanza para construir una convocatoria social amplia. De hecho, tuvo mayor repercusión la presencia de turistas orientales bailando en una tarima en la marcha convocada por la CGT.

A ese cuadro se suma el deterioro de la imagen pública del gobernador, algo que distintas consultoras vienen señalando y que en política suele traducirse en menor capacidad de iniciativa. El capital político, cuando no se renueva ni se expande, tiende a diluirse. Y hoy se percibe a un gobernador con escaso margen de maniobra, entrampado en dificultades que parecen limitar su capacidad de reinventarse.

Soporte ventilatorio

La dependencia financiera con Nación es otro elemento que complejiza el escenario. Mientras el discurso público mantiene un tono crítico, en la práctica la provincia necesita asistencia constante para sostener su funcionamiento. Este medio confirmó a través de diversas fuentes que el Gobierno de Tierra del Fuego requirió por segunda vez un adelanto de coparticipación de 20 mil millones de pesos para afrontar el pago de salarios. La metáfora del respirador automático circula cada vez con menos pudor en ámbitos políticos y económicos locales.

Esa tensión entre crítica pública y negociación reservada genera preguntas inevitables. Habrá que observar, por ejemplo, cómo se posiciona el diputado nacional Agustín Tita ante debates sensibles como la reforma laboral, la ley de glaciares o la baja de punibilidad. Las votaciones suelen revelar más que los discursos.

Desde el entorno nacional del oficialismo también aparecen miradas que reflejan esa contradicción. Una fuente de La Libertad Avanza comentó a el delivery que desde el gobierno fueguino suelen esbozar “mucha tesis conspirativa libertaria-camporista, pero piden guita y se les da sin hacer espamento (sic)”, y agregó que resulta “difícil sostener la narrativa para el gobierno de la provincia”. La frase, más allá de su intencionalidad política, grafica el clima de desconfianza mutua.

“¿Cuál es tu propia parte en el desorden del que te quejas?”
Sigmund Freud, 1938

La pregunta está adjudicada al padre del psicoanálisis. Aparentemente Sigmund Freud se la habría expresado a “Dora” una paciente que es incapaz de advertir su parte de responsabilidad en los males que la aquejan. En política suele ocurrir que los errores propios no existen y, por el contrario, las crisis suelen ser presentadas como responsabilidad absoluta de algún opuesto.

Desde el gobierno provincial el énfasis parece puesto en la idea de conspiración o de embestida externa, sin que aparezcan señales claras de autocrítica sobre decisiones políticas que también contribuyen a enturbiar el inicio del año. De no mediar una revisión interna el panorama puede complicarse aún más, sobre todo cuando las tensiones empiezan a multiplicarse.

La frustrada firma de un documento que este viernes iba a concretarse entre el Gobierno y los gremios suma otro capítulo a esa secuencia. El episodio, más allá de su contenido puntual, deja la impresión de una agenda que se desordena con facilidad y de un oficialismo que, en ocasiones, queda atrapado en dificultades que en parte son propias.

Confiar únicamente en la visibilidad favorable de algunos medios cercanos parece insuficiente para revertir este escenario. La política provincial atraviesa un momento que exige reconstruir un entramado de alianzas más amplio, capaz de integrar actores políticos, sociales y territoriales que hoy observan el conflicto con distancia o prudencia. Recuperar músculo político implica contacto directo con la población, capacidad de escucha y, sobre todo, reconocer errores y corregirlos con rapidez.

El contexto adquiere un matiz adicional si se considera que este era el año en que el gobernador imaginaba impulsar una reforma constitucional. La agenda institucional que se proyectaba ambiciosa ahora convive con tensiones fiscales, reclamos municipales, caída en la imagen pública y un escenario político donde las alianzas parecen haberse evaporado con rapidez.

Hoy, más allá de la discusión sobre el puerto, el interrogante que empieza a instalarse es otro. No tanto qué pasó con la intervención sino cuánto margen político conserva el gobernador para reconstruir apoyos y atravesar un año que ya se presenta bastante más complejo de lo previsto.

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