jueves 08 de diciembre de 2022

Opinión | 14 nov 2022

Alejandro Rojo Vivot: El contubernio


Por: Alejandro Rojo Vivot

“(A mediados del tercer siglo d.C.) China es un imperio antiquísimo, quizá el más antiguo que exista sobre la faz de la tierra, pero desde hace algunas décadas sufre continuos conflictos. Los bárbaros (extranjeros) que presionan por el norte y las discordias interiores han dividido ese gigantesco país entre reinos. Uno al norte, otro en el centro y un tercero al sur. Cada uno de ellos está gobernado por un caudillo militar que se ha proclamado wang, es decir soberano. Cada uno de los tres está convencido de tener el derecho y el deber de unificar el imperio y, por tanto, de quitar de en medio a los otros dos”. (1)

 

Valerio Massimo Manfredi (1943)

 

Los partidos políticos y sus eventuales alianzas electorales son las organizaciones privadas con fines públicos, que la democracia ha establecido como las instancias institucionales para las pujas en las elecciones y, por caso, gobernar o conformar algún tipo de oposición a los oficialismos.

Más allá de ciertas agrupaciones creadas con fines personalistas la mayoría se caracteriza por estilos de desarrollo, ideologías, propuestas peculiares, etcétera, que difunden públicamente sus propuestas con el fin de hacer docencia ciudadana y para captar interés de los electores.

Todos se nutren de sus respectivos afiliados que son formalmente institucionalizados.

Si hubiera democracia interna cada uno de los que conforman un partido político estaría en condiciones de elegir y de ser elegido, redactar las propuestas electorales, aprobar o rechazar alianzas circunstanciales o permanentes, etcétera, encuadrándose en la respectiva Carta Orgánica partidaria que también puede ser modificada por los afiliados.

No obstante lo antedicho con mucha frecuencia rige la democracia delegativa y la anomia siendo con alguna frecuencia aprovechada por unos pocos que gobiernan los partidos políticos.

Hay casos en que en una misma persona se acumulan cargos como si fueran únicos e irremplazables, menoscabando la democracia interna de los partidos políticos. A veces sus nombres o apellidos reemplazan las denominaciones partidarias ninguneando lo institucional y lo legal, generando además confusiones presentándose como oficialismo y oposición al mismo tiempo.

El secretismo es el escenario ideal para los acuerdos en contubernios.

Que cada uno se coloque el sayo que le quepa, resaltado la probidad de muchos.

 

UN DETALLE

El contubernio (1) es, básicamente, un venal acuerdo o alianza para fines censurables, de ahí que se realiza entre muy pocos y con el mayor secreto posible; casi siempre si es descubierto es negado y al denunciante se lo acusa de desestabilizador antidemocrático, cipayo de intereses inconfesables, etcétera.

En definitiva es una cohabitación negada públicamente llevada adelante por lo general para cuestiones específicas, en una suerte toma y daca tan frecuente en la política: voto a favor de un proyecto de ley a cambio de un puesto público bien remunerado para un familiar desempleado, entronización de un opositor poco elegido electoralmente a cambio de un voto legislativo, etcétera.

Siempre es a espaldas de los afiliados y del pueblo en su conjunto.

Así, por caso, las oposiciones políticas pueden menguar y el zigzagueo ideológico acrecienta el descrédito de quienes actúan como monipodios, (3) tratándolos benévolamente de panqueques cuando en definitiva son arteros traidores a lo esgrimido a viva voz.

 

UN APORTE

“Así me pareció comprenderlo después de presenciar lo ocurrido y de escuchar lo dicho en la reunión del grupo socialista, y dándome por enterado, dejé en el acta una constancia de mis manifestaciones con el objeto de plantear oportunamente la cuestión en el Partido, para que éste supiera de lo que se trataba.

En la siguiente reunión del grupo parlamentario socialista, al leerse el acta de la reunión anterior, el diputado di Tomasso objetó la constancia de mis palabras en ella. ʻNo es, dijo, que esa constancia no refleje las manifestaciones que Coca hizo, sino que no conviene que esas constancias se dejen en las actas, pues ello autorizaría a otros diputados a hacer lo mismo y entonces las actas serían interminablesʼ.

En esta forma vi por primera vez iniciarse ante mí una lucha muy poco edificante acerca de lo que debe o no debe constar en las actas de los cuerpos representativos del Partido Socialista, y sobre todo, lo que debe darse a publicidad de esas actas: lucha que dura todavía y que he visto producirse en todos los organismos de que he formado parte, y que se expresa en forma de resoluciones cuyo fin es restringir y dosificar lo que se quiere que el Partido sepa respecto a lo que sucede en el seno de los cuerpos que lo representan.

ʻCosas veredes…ʼ, me dije admirado, al salir de la reunión del grupo socialista en la que acababa de recibir tan brutales lecciones de ʻpolítica criollaʼ y de habilidad leguyelesca, y tuve la visión confusa de que había caído en el abismo tenebroso y caótico, donde, en vez de confirmar y afianzar todas mis ideas y sentimientos nacidos en las filas del socialismo y alimentados con la rectitud y la ingenuidad que caracterizan a los militantes sencillos, humildes y desinteresados, los veía desconocidos y abandonados por quienes menos podía esperarlo. (…)

La celebración de un Congreso fue siempre motivo de grandes preocupaciones para ciertos ʻdirigentesʼ socialistas. De un Congreso pueden salir muchas cosas, entre ellas, la derrota de un grupito dominante y la consiguiente pérdida de sus posiciones políticas y personales. Así es como la ciencia de preparar los congresos del Partido se ha ido perfeccionando con el tiempo, y hoy ya puede presentarse en una serie de medidas prácticas que constituyen todo un sabio sistema destinado a dirigir con habilidad esos actos colectivos a fin de que resulten favorables a los que gobiernan el Partido.

¿Qué se dirá, qué no se dirá en las Memorias que por disposición estatutaria deben presentar al congreso, los cuerpos representativos del Partido?

La primera idea precisa sobre esa ciencia de manejar a los congresos socialistas la tuve cuando se consideró en el seno del grupo parlamentario qué materiales debían incluirse en la memoria de nuestro grupo.

En mi criterio de hombre de pueblo y de militante de las filas, yo creía que esas memorias se redactaban para informar al Partido de toda la actuación importante del grupo parlamentario a fin de que los afiliados juzgaran la conducta de sus representantes; pero, no tardé en saber que para la mayoría de los parlamentarios socialistas era de más interés lo que debía callarse que lo que debía decirse”. (4) (5)

El debate continúa y la capacitación ciudadana debe incluir también estas cuestiones.

 

NOTA Y REFERENCIAS

1) Manfredi, Valerio Massimo. El imperio de los dragones. Sudamericana. Páginas 192 y 193. Buenos Aires, Argentina. Diciembre de 2015.

2) El origen etimológico se remonta al latín: contubernium que designaba a un grupo relativamente reducido en la organización de la infantería del antiguo ejército romano que se caracterizaba por su gran cohesión y colaboración mutua inclusive en la convivencia día.

3) Grupo estafadores de poca monta.

4) Coca, Joaquín. El contubernio. Editorial Coyoacán. Páginas 43 y 44. Buenos Aires, Argentina. 1961.

5) Joaquín Coca, (1882-1962), español radicado en Argentina en 1914, fue periodista, gremialista, concejal y dos veces diputado nacional por el Partido Socialista. En 1945 cofundó el Partido Laborista. Presidió el Colegio Electoral de 1946. Fue preso político y exilado. La primera edición de “El Contubernio” fue 1931.

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