martes 20 de octubre de 2026

Información | 20 oct 2026

El liberalismo argentino, una máquina de destruir empleo privado

20:43 |Los gobiernos que prometieron liberar a las empresas del yugo estatal terminaron destruyendo el empleo privado formal. Cifras oficiales permiten discutir algo más que la vanidad de Macri y Milei. También ponen en cuestión la receta liberal argenta y sus consecuencias sobre el desarrollo productivo. El impacto en Tierra del Fuego.


Por: Gonzalo Benito Zamora

Macri prometió “el mejor equipo de los últimos 50 años”. Milei vocifera constantemente que encabeza “el mejor gobierno de la historia”. Con semejante competencia de talentos, uno esperaría encontrar un sector privado floreciente. Sin embargo, los datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) muestran que quienes llegaron para defender al sector privado terminaron destruyendo cientos de miles de empleos formales.

Según la serie mensual desestacionalizada del SIPA, entre noviembre de 2015 y noviembre de 2019, durante el gobierno del Ingeniero Macri, la cantidad de asalariados privados registrados se redujo en 229.928 personas. Entre noviembre de 2023 y julio de 2026, Milei acumula una pérdida neta de 265.765 trabajadores. En 32 meses el león superó el saldo negativo de los 48 del gato. La comparación toma noviembre previo a cada asunción como base. Los dos llegaron para fortalecer al privado y ambos muestran un saldo negativo de empleo formal.

El relato del Estado gigante, planero y populista que instalan desde los sectores liberales, con gran sostenimiento del aparato mediático nacional, tropieza fuerte con la realidad. La misma serie mensual arroja saldos positivos de 180.478 trabajadores en CFK II y de 348.842 con Alberto Fernández. Los datos contradicen la idea de que el Peronismo crea únicamente empleo público y que los gobiernos liberales son los que hacen crecer al sector privado. Como la serie mensual comienza en enero de 2009, para analizar los mandatos completos de Néstor Kirchner y CFK I es necesario recurrir a la serie trimestral de puestos de trabajo del OEDE, elaborada con datos del SIPA. Allí se registran 2.088.424 puestos privados adicionales entre el segundo trimestre de 2003 y el cuarto de 2007, y 602.228 entre el cuarto trimestre de 2007 y el de 2011, respectivamente.

 

 

 

 

 

 

Detrás del saldo laboral hay una discusión sobre producción. Las propias PyMEs describen menos demanda, actividad en retroceso y presión de las importaciones en distintas ramas. Cuando una fábrica reduce turnos o cierra, también se achican los pedidos a sus proveedores y los ingresos que sostienen a otros comercios. El despido es la consecuencia visible de un deterioro productivo que el discurso de la “eficiencia” prefiere presentar como una “corrección necesaria”.

En las experiencias de Macri y Milei, el liberalismo ha sido una carga para el desarrollo productivo. No hay burguesía nacional posible si producir en el país se convierte en una desventaja y la salida ofrecida es importar lo que antes se fabricaba. Puede haber grandes ganadores privados dentro de una economía que pierde capacidad industrial. Esa diferencia entre negocios particulares y desarrollo nacional es lo que la celebración abstracta del mercado borra.

Tierra del Fuego, donde la receta liberal golpea más fuerte
En la región más austral del país, las políticas implementadas por Javier Milei, dejaron hasta julio de 2026, 6.996 trabajadores privados registrados menos que en noviembre de 2023. La caída es del 18,43%, contra el 4,17% nacional. El deterioro fueguino multiplica por más de cuatro la caída porcentual del país. Resulta una manera bastante peculiar de defender al sector privado.

Con CFK II, la provincia había sumado 6.141 trabajadores privados registrados y con Alberto Fernández, 5.974. Pero Mauricio Macri terminó con una caída de 9.944. Ese saldo negativo de cuatro años todavía supera la pérdida acumulada con Milei. Pero a igual plazo de 32 meses, la caída actual es un 41,3% mayor. Es una calamidad.

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Un trabajo formal permite organizar un hogar, proyectar y contar con derechos que la changa no asegura. Perderlo deteriora la vida, aunque después aparezca alguna ocupación precaria que permita salir de las estadísticas del desempleo. La libertad económica vale bastante menos cuando la única elección es aceptar cualquier ingreso. A los mejores de la historia habría que exigirles algo menos extraordinario que sus discursos, como que la gente pueda conservar un trabajo.

Posdata. Es válido discutir cuántos trabajadores necesita el Estado y cómo hacerlo más eficiente. Pero quienes cuestionan cada contratación pública también deberían reconocer que esos puestos sostienen ingresos y amortiguan el deterioro social. Sin esa contención, la destrucción de empleo privado bajo los gobiernos liberales presionaría todavía más sobre el desempleo y la precariedad. Digo, al menos súmenlo al debate. Caso contrario hay algo de mala fe.

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